Hemos realizado el encuentro de monitores en Cájar
como todos los años, y les comparto que el domingo, cuando llegué a
casa después de compartir este espacio y reflexionando sobre el número tan
grande de jóvenes que nos han pedido este año hacer el voluntariado con
nosotras, (34) caía en la cuenta que en nuestras manos tenemos la gran
tarea de posibilitarlos entre todos espacio de vida y compromiso
donde poder compartir al Jesús que todos llevamos dentro… y para mí este
gesto se convierte en promesa de la primavera que empieza a llegar.
Y me dio por pensar también que estamos viviendo tiempos “de invierno” en
los que a veces se nos olvida que reconocer la presencia de huellas de vida es
el resultado de una mirada
“adiestrada” para lo pequeño e imperceptible. Creo que los niños del
campamento nos ayudarán con su sencillez y sus ganas a disfrutar de lo pequeño,
a valorar los gestos, a reír con fuerza y a comportarnos sin prejuicios y
miedo al qué dirán.
Vida en lo aparentemente muerto, esperanza en medio de situaciones de
dificultad, florecer cuando el contexto aún no es cálido… se esconden muchas
invitaciones en los jóvenes que están deseando tener un compromiso. Ahí
les va la prueba gráfica:
